La grabación del timbre de mi casa muestra que he entrado a las 03:12. A esa hora estaba dormido en el sofá, con la luz encendida y la televisión puesta.
Rebobino. El registro es claro: mi código, mi cara, mi paso. El cerrojo se abre. La puerta se cierra. No hay salto de tiempo. No hay corte. Apago el vídeo y voy al recibidor. El felpudo está húmedo, como si alguien hubiera entrado con los zapatos mojados. Llueve desde medianoche.
Llamo al administrador de la finca. Le pido el log de accesos del portal. Me lo envía por correo en dos minutos. A las 03:11, mi llave magnética. A las 03:12, mi puerta. Bajo al garaje. Mi coche está caliente.
Subo y reviso el móvil. No hay llamadas, no hay mensajes, no hay alarmas. Abro la app del sueño. Dice que me desperté a las 03:14 durante treinta segundos. Cierro la app. Voy a la cocina. El vaso que dejé seco tiene agua. El grifo no gotea.
Hago lo lógico. Recorro la casa. Ventanas cerradas. Armarios cerrados. El baño huele a jabón. Mi jabón. La toalla está húmeda en el centro, no en los bordes. La estiro. Caen dos gotas al suelo.
Abro el portátil y busco el vídeo de la puerta otra vez. Amplío la imagen. El ángulo muestra el espejo del pasillo. En el reflejo, detrás de mí, hay alguien con la cabeza baja, atándose los cordones. Lleva mis zapatillas. La cámara no capta su cara.
Llamo a mi mujer. Está de viaje. Contesta somnolienta. Le digo que mire la galería compartida. Le envío una captura. Tarda diez segundos en responder. “¿Por qué llevas esa chaqueta? La tiraste ayer”. Le digo que no la llevo. Me cuelga.
Vuelvo al recibidor. La chaqueta está colgada. Huele a lluvia y a metal. Meto la mano en el bolsillo. Hay un ticket del supermercado de la esquina. Hora: 03:05. Productos: pan, leche, pilas AA. Las pilas están en el cajón. El pan está cortado. La leche abierta.
Oigo el ascensor. Se detiene en mi planta. Me quedo quieto. El pasillo está en silencio. El ascensor vuelve a bajar. Voy al cuadro eléctrico y bajo el general. La casa queda a oscuras. El pasillo no. La luz del baño está encendida.
Camino despacio. En el espejo del baño hay vaho. Limpio con la mano. Aparece una palabra escrita al revés, como hecha con el dedo: “VUELVO”.
Suena el móvil. Es mi número. Contesto sin hablar. Del otro lado oigo mi respiración. Es la respiración que hago cuando subo escaleras. El sonido se acerca. En la llamada se oye el ascensor abrirse.
Cuelgo. La puerta de casa hace el sonido del cerrojo. Mi cerrojo. El felpudo vuelve a mojarse.
Miro el reloj del horno. Marca las 03:12. Se apaga la luz del baño. Doy un paso atrás. La puerta se abre desde fuera.
—He comprado pilas —dice mi voz—. La cámara falla si no las cambias.
— FIN —

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